Familia

El sentir de mis hijos en un 28 de abril.

Cecilia cumple 73 años. Le regalo la sonrisa de mis hijos. Estamos viejos, si, pero vivos y riendo a carcajadas.

EL SENTIR DE MIS HIJOS

Joselías, 2022-04-28

Hola, buenos días. Hoy es 28 de abril, un día especial para mi familia. Es el cumpleaños de Cecilia, mi compañera, mi amiga, mi cómplice, mi consejera, la correctora de mis escritos, la amante de mi vida, la que disculpa todas mis defectos, irreverencias, equivocaciones y alaba mis aciertos. La mujer que está allí cuando más la necesito y la madre de mis hijos.

GRACIAS CECILIA.

Gracias Cecilia. Hace 53 años te dije: “Sólo déjame amarte”. Te sigo amando con la misma ternura del beso en el altar y la pasión de nuestra noche de bodas en el Hotel Herraduras de Bahía de Caráquez. La alegría no se ha ido. Y, aunque los años pinten de blanco el cabello, todos los días son noches de boda. Salud, sabor dulce de mi vida, ternura de Dios en tu mirada, eco de felicidad en tu abrazo mañanero.

Estamos viejos, nena, pero vivos y riendo a carcajadas.

LA FOTO.

Recibí esta foto:

“FELIZ CUMPLEAÑOS MAMY CECY

¡Somos tus hijos!

Hemos crecido. Somos hombres y una mujer construyendo nuestro propio destino.”

MI SOLEDAD.

Ayer, Cecilia había salido con Candy. Me quedé sólo en casa. Miré esta fotografía. Pensé en mi primer hijo, fallecido hace cuatro años. Sentí la soledad. Una indescriptible necesidad de su compañía me hizo llamarla por teléfono. Cuando contestó, sólo le dije: Te extraño.

TARQUEÑIDAD.

Entonces, miré el ceibo que crece en el patio de mi casa. Me acordé de Tarqui, de nuestra casa, del Tohallí Center frente al mar. Se recrearon los recuerdos de mi infancia, niñez y juventud, esta manteñidad linda en mi Tarqui querida hasta donde llevé a Cecilia como mi cónyuge. Llegó a mi lado desde su reinado del barrio 8 de Diciembre. Tarqui es sorprendente. Se adaptó. La tarqueñidad la envolvió y se adueñó de su gente y de su entorno.

TERREMOTO.

El terremoto rompió el ensueño. Ese trepidar de muerte nos dejó otra vez como en el comienzo. Los sueños de la vejez sucumbieron en unos segundos. Nos encontramos vivos, gracias a Dios, saliendo entre escombros para escuchar el lamento de los vecinos, el llanto de los deudos, la oración en la mitad de la calle, la oscuridad como compañera de infortunios.

La vida caída y las esperanzas rotas.

Ya en la calle, mi hijo, que le dio un abrazo fuerte a su madre, desapareció de pronto. Mi mirada lo busca. Está allá, junto a otros vecinos, sacando escombros de las ruinas del Hotel Miami para llegar hasta los gritos de los vivos.

Dejé a Cecilia junto a Pepito y los vecinos. Camino un poco más y las ruinas del Hotel Astoria están llenas de brazos desplazando escombros. En la calle, tapados con mantas blancas, dos cadáveres. Una voz me llama, es el compañero Tito Mera.

La iglesia de Tarqui está destrozada. La negrura de la avenida 105, salpicada de dolor y gritos, charcos de agua de los tubos del desague o de las conexiones domiciliarias, de oraciones al cielo, casas derrumbadas, muertos en medio de la muerte. En la calle el dolor está enredado entre cables, postes y transformadores desparramados.

Llanto, lamentos, manos que zurcen el aire  del desastre buscando  deudos que se quedaron entre ruinas. Correteaderas por aquí, por allá, gritos entre lágrimas que riegan la esperanza de abrazar al padre, a la madre, al esposo o al hijo.

Nadie entenderá el silencio del dolor que rechina dientes entre ruegos al Dios de todas las esperanzas.

En medio de la confusión, débiles linternas guiñan a la muerte. La luz y fuerza de la solidaridad comienza a tomar forma y, de pronto, filas de hombres y mujeres se pasan las piedras de las casas caídas para buscar a los vecinos. Es la resiliencia de los tarqueños.

El San José caído. Los hoteles de la 105, caídos. El colegio Leonie Avat, destrozado. La casa de mis padres hecha añicos. Mi hermano y sus hijos contemplando la desesperanza.

Llego a la 110. Allí está don Clímaco Briones. Su casa y su botica, destrozadas. Un abrazo de viejos amigos en medio del dolor, la angustia y esta frase lapidaria: “Y, ahora, don Joselías, ya de viejos, ¿qué hacemos?”.

El Gobierno de la reconstrucción y sus magros funcionarios nunca entendieron la tragedia de las viejas familias de Tarqui.

Cuando retorné envuelto en la oscuridad, Cecilia, angustiada me estaba buscando. Cuando me vio, su abrazo tuvo el sabor de la resiliencia. Nos sentamos para conversar: Y ahora, qué hacemos.

EL HIJO DE DIOS.

Días después, mi hija Candy nos arrancó del entorno, nos llevó a su casa. Unas semanas después, Cielito Reyna, desde los Estados Unidos nos ofreció su casa junto al Parque Las Acacias. Viva allí, profesor, ya hablaremos. Comprendí lo que repite el pueblo: “El hijo de Dios nunca muere boca abajo, siempre habrá una mano que lo voltee”.

AQUÍ ME HACES CASA.

Recuperados un poco comenzó mi búsqueda para asentar a mi familia. Quise volver a Tarqui. El gobierno nos prohibió volver a la zona cero. El Tohallí Center, mi casa, estaba en la zona cero.

Observando mi inquietud, Cecilia me dice: “Joselías, durante 47 años te he acompañado en Tarqui, hemos vivido felices, pero el terremoto me trajo otra vez a Manta, de aquí no me muevo, aquí me haces casa.

¡Qué cosas que tiene el terremoto!

CASA DEL CEIBO.

El Dr. César Acosta atendió mi pedido y me vendió un pedazo de tierra contiguo a su vivienda. Aquí le construí a Cecilia su nueva casa, es la “Casa del Ceibo” donde velamos a mi hijo y a mi hermana, víctimas de un tanquero que embistió su vehículo. Va para el quinto año. Ni los jueces ni los victimarios dan señales de vida.

Aquí en la Casa del Ceibo, de conformidad con nuestra pensión jubilar, en familia, vamos a celebrar los 73 años de Cecilia. Ya no tendrá la fastuosidad del Tohallí Center, pero tendrá el calor humano de la familia y las bendiciones que desde el cielo nos envían Pepito y Teresita.

73 AÑOS.

Los 73 años de Cecilia me llevaron a estos recuerdos mientras pienso en el Ing. Marco Villacías, mi concuñado, quien está en Solca de Guayaquil. Fuerza Lourdes.

Nuestra realidad es líquida. La vida se escapa entre los dedos de la mano. Mi padre, don Víctor, tenía razón: “Celebra a Cecilita, es ahora o nunca. Recuerda, no hay más tren que el que pita y la alegría no espera, ríe a carcajadas”.

Salud por su hija, don Lorgio Pinoargote Montalván. Su nombre volverá a brillar en el Coliseo Mayor de Manta. Gracias Líder Vélez. Es un buen regalo para Cecilia y sus 73 años. Gracias Colón Cedeño por tu persistencia.

MI REGALO.

Yo, amada mía, capullito de alhelí, te regalo la sonrisa de mis hijos:

“FELIZ CUMPLEAÑOS MAMY CECY

¡Somos tus hijos!

Hemos crecido. Somos hombres y una mujer construyendo nuestro propio destino.”

(Joselías, 2022-04-28)

Soy la vida hasta que muera. Historiador y cronista de Manta - Jocay, mi ciudad puerto de Manabí, Ecuador. Periodista - Docente en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, Ecuador - Mis estudiantes me llaman "Maestro de la sonrisa eterna". Mi Facultad me declara "Patriarca de la Facco". Para mis lectores soy un "Diálogo con Joselías". Soy amante de la vida, río a carcajadas, con Cecilia somos una familia de cuatro hijos y nueve nietos, por ahora. Bailamos "chévere". Nací junto a las olas, vivo frente al mar, converso y río con mis padres que siguen iluminando mi vida aunque estén muertos. Mis hijos son maravillosos. Cada uno de ellos me llena de asombros. Los amigos son libros abiertos para la descontextualización de la relación humana. Proclamo la paz y respeto la diversidad.

0 comments on “El sentir de mis hijos en un 28 de abril.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: