LA MUERTE DE UN PERIODISTA.
Joselías Sánchez Ramos. / sjoselias@gmail.com / 2019-07-14
Hola amigos. “Estamos para contar lo que pasa. Pero al final siempre nos pillará la muerte”, nos recuerda el español Pedro Narváez. El rato menos pensado, a Perico Vicent Bowen lo pilló la muerte. A la media noche, entre un lunes 8 y un martes 9 de julio, las campanas del silencio repicaron su responso. Tras un segundo de incredulidad explosionaron las redes sociales. Desde Nueva York, David Ramírez increpa al tiempo: “A quien se le ocurre morir a estas horas”.
El obituario es un género de periodismo eterno. Siempre nos golpeará la muerte, para contarla, sentirla o vivirla. Estoy aquí contemplando la muerte con mis tristezas entrelazadas por la necrología.
El lunes, el sentimiento se acongoja con la muerte de la mamá de nuestra querida doctora Doris Carpio; Portoviejo se enluta. El martes, las campanas tañen en Rocafuerte para despedir a la mamá de nuestra querida licenciada Nancy Muñoz, presidenta de la UNP de Manta. El miércoles, los recuerdos conversan con el colega periodista Pedro Enrique Vincent Bowen mientras su sonrisa camina del velatorio a la capilla ardiente del Municipio y se esparce en el crematorio.
Contemplo su vida. Afirmo. Pedro Vincent Bowen es un periodista sin tiempo, por tanto, sin final. Un periodista de factura mayor que, a sus 82 años, la muerte no puede silenciar porque su pensamiento sigue actual. Un periodista ilustre que, con elegancia y veracidad, descubre el alma de las palabras para desbaratar sus significados. Si. Periquín inventó un subjetivo “pero” al que llamó “infaltable”, para entrelazar, con destreza idiomática, la sonrisa enigmática de lo aún no dicho con la vergonzosa realidad de lo descubierto.
El obituario de Pedro Vincent es el de un periodista vivo que se sale de su pluma para seguir describiendo las falencias enigmáticas del poder político al que se han aupado personajes de oídos sordos, intransigentes y sectarios. Ellos, tal vez estén alegres frente al lamento de un pueblo que llora la desaparición del mensajero de sus cuitas y reclamos.
Su vida recorre todos los estadios de la experiencia y en todos aporta creatividad y sapiencia. Periodista de radio, periodista de televisión, periodista de periódico, periodista digital. Dirige Diario El Sol y Canal 4 TV de Manta. Escribe para el Telégrafo, Revista Manabí, El Mercurio, El Diario. Su voz surge desde Radio Scándalo en Portoviejo y Radio Marejada en Manta. Su imagen es habitual en todos los canales televisivos de la región.
Sudamérica lo percibe y lo convoca a Lima para condecorarlo. Lo propio hace el Congreso Nacional del Ecuador, la FENAPE, UNP, CNPE, CCM. El salón mayor de la Casa del Periodista de Manta lleva su nombre reconociendo su condición de socio fundador y primer presidente de la UNP de Manta. Sus libros salpican verdades entre humoradas de sorpresa y connotación.
Pero también es personaje ilustre de la Junta de Agua Potable de Manta, del Sistema Eléctrico Manabí de Inecel, Secretario y concejal del Municipio de Manta.
Milton Cholez lo recuerda como “Pedro”, “Perico” o “Velasco Ibarra”. Es el maestro de periodismo del que aprendemos siempre, afirman jóvenes periodistas como Perulo Cedeño y Johnny Mendoza. Nos deja su vida como legado, dice Annabel Ponce. Es un ícono del periodismo de Manta, sostiene Celia Cárdenas.
La vida de Pedro no se puede resumir en una oración fúnebre, merece una novela o una serie de Neflix, porque poseía la “cultura de una tortuga y la inteligencia de un águila” para descubrir, en cada recodo de su quehacer periodístico, el trafalgar de la corrupción y, con una sonrisa en ristre, sus neuronas develan escenarios inventados para apoderarse de lo ajeno. A veces, una perpetua denuncia de la confabulación de los otros.
Estoy contemplando su enigmática sonrisa, siempre presta para alegrar la vida, siempre dispuesta a contemplar la muerte, siempre inquieta para desbaratar entuertos, siempre lista para oportunas sugerencias. Es un caballero que honra al periodismo, como lo describe Víctor Arias.
Hasta luego Pedro. Seguiremos inventando el futuro como en aquellos años de fines de los 70´s cuando nos convertimos en los “Siete sabios de Sión”: Pedro, Silvio, Francisco, Carlos Enrique, William, César y Joselías, para recuperar a Manta de la malquerencia de los arrimados. Entonces descubrimos que los manenses somos hijos del trueno y del relámpago.
Seguiremos con nuestras disquicisiones porque no basta con preguntar, hay que aprender a preguntar; no basta con pensar, hay que aprender a pensar. Hoy, el grupo de historia de la Cámara de Comercio pierde una valiosa memoria de 82 años. (Joselías, 2019-07-14)
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