Manta centenaria

Qué aprendí de mis alumnos.

Un maestro que se pregunta ¿qué aprendió con sus alumnos? repasa brevemente su vida como alumno y como docente.

QUÉ APRENDÍ DE MIS ALUMNOS.

Joselías Sánchez Ramos. / sjoselias@gmail.com / 2019-04-28

Hola amigos. Hoy tengo una gran alegría. Es el cumpleaños de mi maestra de 50 años. Una fecha adecuada para preguntarme: ¿Qué aprendí de mis alumnos?.

Soy maestro. A mis 17 años comencé mi carrera docente. A los 70 el Estado me jubila. Mis inicios en la primaria del Colegio San José, la Secundaria en los Colegios Manta y Cinco de Junio y concluyo en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí. Sumo cerca de 50 años como profesor.

Siempre recuerdo a mis maestros. Con ellos aprendí a ser curioso e inquieto. Me enseñaron a leer y escribir. Aprendí sobre los números y su cálculo infinitesimal. Me metieron en las fórmulas de las ciencias para encontrar respuestas y luego que las encontraba me volvían a plantear nuevas curiosidades.

Con ellos aprendí a pensar. Pensé que pensaba porque repetía lo que memorizaba, pero ellos enfatizaron que ningun concimiento es permanente, que hay que estar siempre dudando para encontrar y cuando se encuentra, volver a dudar. Entonces entendí que todo final es un nuevo comienzo.

Algunos de mis maestros llamaban a esto filosofía. Otros decían que las matemáticas eran el principio y, cuando el maestro Takeda nos metió en una mina en Portovelo, allí, en lo profundo de la tierra nos dijo que los geólogos son los médicos del Universo.

En la Universidad Central, con Pierre Teilhard de Chardin y su espiritualidad cósmica, aprendí que educar es desmitificar, desmitificar la cultura y la contracultura. Somos hijos de la tierra y somos hijos del cielo. Viviamos la era de la revolución cubana y los jóvenes estabamos politizados. La Universidad no debe someterse a la sociedad. París nos dijo: “Piensa lo imposible”. El mundo no comprendía lo que hacíamos.

El Colegio Manta fue un aprendizaje maravilloso. Amo el magisterio. Aprendí que solo enseñando se aprende. Miré a Jaime Barylko y repetimos juntos: “Sólo aprendiendo se alcanza a trasmitir alguna enseñanza que fecunde el aprendizaje”.

El filosofo cubano José Sánchez cuestionaba la enseñanza de valores porque el niño debe aprender que junto a un valor hay un contravalor, de manera que, mientras crece pueda discernir y escoger entre lo bueno y la malo, la vida y la muerte, el respeto y la indolencia. Hoy sólo se exigen derechos pero nadie entiende la contraparte: el deber. Hasta los delincuentes exigen derechos que ellos violentan en sus víctimas.

Edgar Morin aun es mi gran maestro con su pensamiento y pedagogía compleja. Vivimos una gegrafía del tiempo donde Zygmunt Bauman, a sus 91 años, nos deja como herencia su modernidad líquida.

Con los estudiantes de la Facultad Ciencias de la Comunicación nos pusimos a pensar la comunicación y, hasta nos fuimos a Guayaquil para encontrarnos con Fernando Buen Abad Domínguez y su Filosofía de la Comunicación.

Con mis estudiantes de la Uleam aprendí que maestros y alumnos estamos en el mismo andaribel, que queremos lo mismo, lo mismo que la sociedad quiere. Con ellos aprendí a dudar, a dudar de mi mismo, de mi estructura mental y pedagógica. Por eso seguí un doctorado en Pedagogía.

De pronto, me dí cuenta que me habían jubilado. Puedo decir con énfasis: Gracias alumnos míos por tanto que me enseñaron. Cecilia también fue mi alumna. Hoy cumple años y estoy feliz. (Joselías, 2019-04-28)

Soy la vida hasta que muera. Historiador y cronista de Manta - Jocay, mi ciudad puerto de Manabí, Ecuador. Periodista - Docente en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, Ecuador - Mis estudiantes me llaman "Maestro de la sonrisa eterna". Mi Facultad me declara "Patriarca de la Facco". Para mis lectores soy un "Diálogo con Joselías". Soy amante de la vida, río a carcajadas, con Cecilia somos una familia de cuatro hijos y nueve nietos, por ahora. Bailamos "chévere". Nací junto a las olas, vivo frente al mar, converso y río con mis padres que siguen iluminando mi vida aunque estén muertos. Mis hijos son maravillosos. Cada uno de ellos me llena de asombros. Los amigos son libros abiertos para la descontextualización de la relación humana. Proclamo la paz y respeto la diversidad.

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