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“Manteñidad y terremoto”

A traves de su discurso magistral, el Dr. Victor Arias Aroca evoca el terremoto, la resiliencia del pueblo de Manta e invoca al nuevo alcalde para que nos haga seguir por rumbo cierto.

MANTEÑIDAD Y TERREMOTO.

Discurso magistral del Dr. Víctor Arias Aroca.
En la inauguracion del II Encuentro 16 A: “Manta, el terremoto y su proyección como ciudad en el siglo XXI” / Manta, 2019-04-15.

De adentro venían, del fondo de la tierra venían, de lo profundo del mar salían, eran como lagartijas, como serpientes eran, como una invasión de lombrices enormes, eran las ondas del abismo que se habían salido, que se nos venían, se nos vinieron encima, nos volcaron, nos fregaron, nos templaron, las olas misteriosas e invisibles fueron tumbándolo todo, estremecieron el mar, la tierra y las balandras, nos pasaron por encima, nos aplastaron, no eran monstruos chiquitos, eran enormes, eran como alacranes grandes caminando sobre nuestras cabezas, abordaron el cuerpo de la gente por 52 segundos, la estrangularon la silenciaron la mataron y después pasaron y en silencio se marcharon, nos dejaron aplastados, fue la noche de los escorpiones solitarios y luego se fueron con su disfraz de terremoto, dejándonos en medio de los gritos de la multitud en paroxismo, luego volvieron, regresaron nos volvieron a mover la tierra y el miedo había congelado el corazón entonces si se fueron, algunas dieron a luz a niños que no verían la luz, debajo de las casas destrozadas, 113 personas fueron sacadas vivas de entre los escombros, 670 muertos, 6. 274 heridas, 28. 678 albergadas, 10. 000 mil construcciones destrozadas en los 4 cantones, 5.000 mil en Manta, 4.000 comerciantes asentados en la Parroquia Tarqui, lo perdieron todo, su plata, sus compras, sus vitrinas, sus sueños y su gloria, ellos lloraron, pero no perdieron las ganas de vivir.

Y otra vez vino el día y otra vez el susto, la alterada biorritmia de la vida, la taquicardia del desencuentro, la contabilidad de la muerte, nos agobia, nos incendia el corazón y nos pone a contar muertos por montones, a sacar muchachas con sus moños de luces que seguían encendidas aunque ellas habían muerto la anterior noche aplastadas por el Edificio Navarrete que se vino todito al suelo, 30 chicas bonitas que atendían a la gente con todo su entusiasta dramatismo no verían el amanecer y desde luego sus padres ya no tendrían un hijo a quien contarle de que color son las estrellas.

Afuera la gente corría, Petronila Balcazar, que vendía dientes de ajo vio que el edificio se le vino encima pero no puso aplastarla porque el ángel de la muerte no la tenía en la lista, entonces corrió hacia abajo, hacia la iglesia pero no la encontró, los santos habían huido de aquella invasión de monstruos sangrientos, nuestra señora del Rosario no la recibió así que se regresó hacia arriba hacia el puente, pero no pudo más y quedó desmayada frente al antiguo Bar Tolos hasta que despertó algunas semanas más tarde en el patio de un hospital ambulante y contó cómo se le vino encima el edificio Pichincha que no la aplastó pero la dejó con el alma ensangrentada.

A esa hora Lizandro Cedeño regresaba de faenas de pesca en su pequeña embarcación conocida como Fibra. Se trata de una canoa grande. Una piragua enorme. Cedeño y sus dos compañeros pescadores sintieron el influjo de la onda mortal que pasaba bajo el agua y creyeron que era una ballena. Pero no era. El mar estaba como encinta. Temblaba. Del fondo del agua surgió una luz muy poderosa, casi divina, tenía el impulso de Dios, me quedé helado, dijo, la luz se elevó al cielo y desapareció, en eso cayó en cuenta que la ciudad de Manta que estaba al frente, había desaparecido. Es que la ciudad se movió algunos metros hacia el Sur, 80 centímetros según el sismólogo Hugo Yépez, quien además asegura que este es uno de los terremotos más graves de la humanidad. Lo cierto es que el terremoto de Ambato de 1948, fue de apenas 6.8 y mató a cinco mil personas. Debemos entender que fue un milagro que no se hayan producido tantas muertes en el núcleo de la tragedia, igual que fue un milagro que la desgracia nos atrapara a una hora y en un día en que los muchachos no estaban en clases, porque si no, algunos ya estaríamos muertos contándole la historia al infinito.

Katty Rezabala era empleada de Todo en Papelería, mujer normal y corriente pero alegre y divertida, no tendría más de 20 años cuando la muerte la besó en la frente pero no la agarró. Ella estaba pensando en su carrera universitaria recién empezada cuando la muerte le hizo señas y empezó el infierno. Apenas logró dar seis pasos tratando de escapar cuando una loza de varios quintales de peso se le vino encima, quedó atrapada entre dos moles de cemento que la inmovilizaron, no podría respirar durante 56 horas de angustia lapidada entre dos paredes enormes, cuando otro sobreviviente quebró un frasco de acetona que hizo el ambiente más irrespirable, pero ella aguantó y puso salir para contar que allá abajo, nunca se supo si era de día o de noche, desde que apareció el animal del terremoto con sus caderas de cascabel y nos petrificó los sueños a los que estábamos afuera y les quitó la vida a los niños que estaban dentro, cuyas voces han entristecido los amaneceres y provocaron el suicidio de todas las gaviotas.

De los 35 empleados que formaron parte de Todo el Papelería, nunca se ha tenido la información completa, Betty Cedeño, que perdió a su hija jovencita en el terremoto, con ese pálpito sagrado que tienen los periodistas y los profetas, imagina que su hija y la mayoría de los atrapados en el edificio Navarrete murieron ahorcados por la asfixia en el remolino de polvo, papel y piedras que los aplastaron y cuyos gritos de angustia no pudieron oírse porque la muerte no dejaba hablar a nadie alarmada como andaba metiendo gente en el saco de la oscuridad y aprovechando el menor descuido para llevarse a la gente de este mundo.

Mientras tanto el caos había sido inaugurado. En la carretera Manta Montecristi se habían formado largas filas de conductores desaforados insultados por otros forajidos que iban más atrás buscando nadie sabe qué cosa pero huyendo del monstruo del terremoto. Se cree que la turbamulta iba hacia el cerro de Montecristi, en prevención del tsunami, eran miles, y otros miles se habían amontonado en la avenida de la circunvalación con rumbo incierto pero todos con la mira hacia el cerro que un tiempo fue sagrado, y entre pitos choques e insultadas avanzaba como una gran culebra que no tenía forma, ni orden, ni ley, ni nada, es que la ley había quedado para la otra vida y en esta hora de la angustia no servía para nada, además que tampoco se sabía qué mismo había ocurrido, qué nos había remecido con tanta fuerza que la ciudad entera había caído y no se podía ver nada porque a esa hora de la noche ya el sistema eléctrico había sucumbido a la desgracia y no había luz, ni radio, ni televisión ni teléfono, nada, por lo que una o dos horas después, cuando ya se habían muerto nuestros chicos de la papelería y volvió alguna señal telefónica recién la gente empezó a entrar en razón pero no en juicio porque otra vez la noticia era que se venía el tsunami y había que huir, de modo que resolvieron no regresar y siguieron sin rumbo en medio de la caravana de la muerte que no llevaba a ninguna parte.

Así nos agarró la madrugada en medio del camino, mientras que los que habían tomado el camino del regreso empezaban a contar cadáveres y recién a entender que no era el gobierno que se había caído, que era un monstruo grande que pisa fuerte y había jugado con la inocencia de la gente y sólo le pedían a Dios que lo injusto no les sea indiferente, y volvimos para calmar a los vecinos, a los chicos del barrio, a los niños que están seguros que los periodistas saben todo en este mundo y por eso este man tiene que traer la noticia de qué mismo había pasado y pasa que desde una motocicleta el motociclista gritaba, se viene el tsunami, el mar está subiendo y la gente otra vez a Montecristi, y corre que te ahogas y ya no sé qué decir a mis vecinos que habían salido con carpas, con toldas con cobijas a media calle, ya que por nada del mundo ellos iban a dormir adentro y desde adentro, desde el fondo, había llegado el infierno que llegó del suelo y nos volvió loca la vida.

La vida en Tarqui era maravillosa. En los años 60 todos eran niños, de modo que ya estaban llenas la escuela Eloy Alfaro, la Sergio Domingo Dueñas y la Ramón Virgilio Azúa. El curandero oficial de la comarca era don Víctor Sánchez que curaba todos los males de este mundo más con su presencia y su alma noble que con esa jeringuilla metálica que quitaba la tosferina pero te arrancaba el alma. El odontólogo oficial ya entrados los 70 era el Doctor José Sornoza Mendoza. Los músicos oficiales eran Guillermo Arias Díaz y Pepe Chonillo, y los intérpretes eran las Gilgueritas, Mariuxi Cantos, Anita Molina, Irlanda Valle, Marisol López, Luz Pachay y Luz Santana, que engalanaban los amaneceres y Picantería el marino era un negocio boyante al igual que la tienda de la Guta. Sobresalía en la esquina central frente a la Sergio Domingo Dueñas, el puesto de revistas de don Humberto Espinoza, que reunía mucha gente durante el día, mientras que en las noches se iluminaba la gran pantalla de los cines Encanto y Faraón y un tiempo el Marinero. Harta madera vendía don Marzo Delgado. Con los años llegó Velboni, llegó Pica, llegó Tía, Llegó Super Akí, Darmacio, y un día llegaron todos los bancos del Ecuador a Tarqui, atraídos por el flujo y reflujo económico que Tarqui había generado con sus grandes tiendas todas hijas de los hijos nativos de Tarqui como Cedepa y Ludepa, como Almacén Cajas, Almacén Marita, Almacén Pepito, Almacén Fioravanti, Picantería Chavecito y desde luego ese pasaje comercial denominado Bazar Lorena, que había nacido un día, en el puesto de revistas de Humberto Espinoza. La magia comercial de Tarqui, no tiene comienzo, pero tendría un final el día 16 de abril de 2016, cuando a las 18h58 minutos se nos paralizó el corazón con la primera pisada del monstruo grande que llegó del mar.

Un Godzilla de 7.8 estremeció la meca comercial de Manta. De los 30 hoteles que levantaron sus hombres, se cayeron 30 y no hemos levantado ni 30 ladrillos. Sus tres escuelas grandes se vinieron en picada y el mercado de Tarqui se hizo trizas. El taxista tarquense que iba con destino a Santa Martha en el sur oeste de la ciudad, fue quien sintió el primer coletazo del dinosaurio que le salió en el camino. Al principio creyó que era una llanta ponchada, el vehículo paró y el chofer bajó pero el conductor pronto comprendió que se había desatado el fin del mundo, entonces trato de subir hacia la Universidad cuando lo agarró el vendaval sin rumbo que venía en calidad de agua convertida en mar que bajaba desde el reservorio de más arriba y tomó hacia la avenida circunvalación que se había convertido en un manicomio y luego de 40 choques, llegó a su casa tres horas después encontrando a sus hijos que lloraban la muerte de su padre al que el perro de la muerte lo soltó de sus fauces y lo arrojó en el río de gente que se había vuelto loca.
Como el tsunami era inminente, las ambulancias iban y venían con las sirenas encendidas sin que nadie supiera hacia dónde iban porque el hospital también estaba caído, la policía envió sus carros policiales a anunciar en los barrios que todo era mentira que el tsunami no vendría, que Godzila no había salido del mar y que entraran a sus casas que no pasaba nada. Pero el pueblo, pobre pueblo, no les paraba bola, porque para ellos el mar ya había bajado 900 metros y se venía la ola.

Al notar la ausencia de su hermano menor, Amaranta Arias entró en llanto y fue la primera vez que pude entender que ella tenía el sentimiento de una gaviota y el alma de cristal. Te amo Nenita porque me devolviste la esperanza. El muchacho volvió para conocimiento de la gente y fuimos felices por un tiempo hasta que otra vez el desconcierto hizo su arribo, con la primera de las cinco mil réplicas que lleva el terremoto.

De acuerdo con la Experta Alexandra Alvarado, entre 2016 y 2017, se registraron 12. 049 sismos en todo el territorio nacional y esta sismicidad se prolonga, por cuanto quedaron reservas de energía que produjo el 16 A, que descargó energía acumulada por 74 años desde mayo de 1942 y los estudios indican que en la franja costera a partir de Bahía de Caráquez existen tres segmentos de acumulación de energía, en espacial en las placas tectónicas de las zonas de Esmeraldas, donde no se registra un gran sismo desde el 19 de enero de 1958, cuando hubo uno de 7. 7 grados.

Para Carlos Martillo, investigador de Geología Marina y Costera de la Espol, los ecuatorianos debemos aprender a vivir con la alta sismicidad como lo logró Chile. En ese país la gente sabe qué hacer ante un sismo. Nuestro sistema no progresa. Los hemos esperado 3 años y no existen indicios de un sistema preventivo que no fuera la alerta temprana de tsunamis que se instaló en Esmeraldas. La justicia chilenó falló en favor de los damnificados del terremoto. Creo que esa será la ruta. No podemos seguir esperando.

El estrapalucio de la tragedia nos congeló la sangre, pero desenterró la solidaridad. De todas partes llegaron las ayudas, en especial los rescatistas de Chile y México que jugaron un rol fundamental en el rescate de la gente atrapada y en la recuperación de los cuerpos. La gente del cuerpo de Bomberos con el señor Sofonías Rezabala a la cabeza no aguantó paro y ayudó a pararse a la gente caída, desatando una tarea titánica y francamente altiva y brava, no hubo rincón dónde no buscaran sobrevivientes y no hubo auxilio que no brindaran a los heridos y a las madres viudas y a los hijos huérfanos. 206 manteños cayeron al precipicio del monstruo desatado y la municipalidad en su memoria elevó una placa con sus nombres que no olvidaremos, mientras que el Presidente de la República abandonaba el viaje europeo para llegar al sitio mismo de la tragedia, descalzarse, llorar a grito herido la huella del siniestro y enterarse en el lugar mismo donde habíamos inaugurado la oscuridad, que la luz del sol podría volver a salir y que los hijos del mar íbamos a hacerle frente a la tragedia.

Pero a tragedia se volvió esperanza, confiamos en nuestros líderes y en nuestro gobierno, se instrumentó la ley de Solidaridad que propuso el Asambleista Carlos Bergman, se lograron ingresos nunca obtenidos por la respuesta solidaria del Ecuador y del extranjero, un promedio de 3.000 mil millones de dólares se juntaron y se creó el Comité de la Reconstrucción. Y la esperanza sigue. El primer informe de Contraloría de finales de 2018, señala un faltante por varios millones de dólares y se ha encausado a los gestores de la infamia. Y la esperanza sigue. El segundo informe, de marzo de 2019, esta vez elaborado por el CPCCS, ha presentado a Fiscalía una investigación que indica entre otras cosas la entrega de un solo contrato por 386 millones de dólares a la familia del Gerente de la Reconstrucción. Y la esperanza sigue. Siguen los pueblos agobiados por la tragedia en la espera sin fin para que se levante el Hospital de Bahía, el de Chone, el de Pedernales. Han pasado tres años, Cuidado la esperanza se transforma en furia, Pedernales no ha levantado ni su propio Municipio; No hemos levantado Tarqui, que es la zona cero de mayor destrucción, y si no fuera por Kirie Bravo y Lucía Fernández, Nuevo Tarqui no se habría realizado y está demostrado que ni la banca pública ni la banca privada, han creado un régimen de crédito especial a los sobrevivientes del terremoto, que, aplastados por la batracomiomaquia de la desgracia, siguen atrapados en la central de riesgo y el régimen callejero del churco, denigrado en las oficinas del gobierno, pero útil para poder vivir.

Esa es la verdad y nadie la puede negar

CULTURA MANTEÑA.-

500 años atrás los nuestros abuelos salieron alegres en la playa de Tarqui a dar la bienvenida al joven aventurero español Bartolomé Ruiz que perdió la memoria deslumbrado por la belleza de la diosa Umiña, una esmeralda gigante en forma de animal con alas que los manteños adoraban como la diosa de la eternidad y ese hombre fue llevado encadenado a España, donde murió en un hospicio convencido que el velamen de una balsa manteña, era un gigante que caminaba sobre el agua y también, al adelantado Pedro de Alvarado, quien el 2 de marzo de 1526 luego de fundar la villa de Manta, se fue disgustado porque los manteños escondieron sus tesoros, ordenando incendiar la comarca y más tarde se produjo el asesinato del príncipe Lligua Tohallí en el sitio de las Golondrinas. Pero el manteño resistió a la conquista y persistió a la muerte. En 1735, nuestros padres salieron a la misma playa de tarqui, a recibir a los sabios de la misión geodésica francesa que, encabezados por Godín y la Condamine, habían venido para medir un arco de meridiano terrestre y anunciar que las tierras manabitas están ubicadas en la mitad exacta del universo.

Al primo de Godín, llamado Jean, le esperaba la leyenda gloriosa de ser parte de la crónica de un amor imaginario, ya que el joven acompañante de la expedición, habiendo llegado a Riobamba, donde habitaba el gran Pedro Vicente Maldonado, recibió la picadura del escorpión del amor y habría de casarse con la joven Isabel de Casamayor, hija del antiguo Corregidor de Lima, quién habría de envolverla en una locura de amor interminable, porque a pocos años de la fastuosa boda celebrada en la catedral de Riobamba, en cuyos registros consta con letras de pan de oro, enterado de la muerte de su madre, el joven esposo inició viaje al Atlántico por la vía del Amazonas y los peligrosos ríos de la sierra y el Oriente, y al no tener noticias de su marido por más de dos años, la esposa armó expedición con 42 personas entre guías, indios y criollos, sus hijos nacidos y su hermano menor. La jungla, las serpientes y la enfermedad devoraron a los expedicionarios incluidos los hijos de la pareja, 41 personas asesinó la selva el frío y el invierno, ella sin embargo sobrevivió superando las picadas de arañas y a las escoropéndolas y fingiéndose muerta para que no la devorara el puma, medio loca y cadavérica unos indios la encontraron en la mitad de la amazonía, convertida en un zombie y la llevaron a la ciudad de Belén, de dónde zarpó hacia Guyana donde efectivamente encontró al amoroso marido, pero habían transcurrido 21 años y ciega de amor y de dolor por los hijos perdidos en la selva, Isabel De Godín envejeció en Francia hasta el final de sus días, atravesada con la daga del remordimiento.

El amor parece guiar la senda de los manteños. Somos seres de luz. Somos hijos del sol, hijos trueno hijos del rayo y la tormenta. Por eso somos inmortales. Ningún terremoto nos va quebrar los sueños. No aguantamos paro y si tenemos que irnos de relajo nos vamos de relajo con la vida y con el que se cruce en el camino, porque la ruta está trazada y esta es la ruta de la grandeza.

Joselías lo sabe decir mejor que yo.

Somos la suma de la humildad y la grandeza.

A eso se refiere el Dr. Verdy Cevallos cuando dice ascender sin peldaños de sangre y volar sin las alas del odio. Y los que se oponen son muñecos del burdo guiñol.

Nuestros personajes tienen más de leyenda que de verdad pero lo son : Absalón Arcentales, el famoso Tan Tan de la novela Sed en el Puerto, es tan visible como Manolo el aguatero y Govea el que sacó a bailar a la esposa del Presidente de la República en el Coliseo de los obreros, Chico México y su campana de colores que animaba el fútbol y Maizón con el viejo ómnibus llamado Don Hugo, nos hablan de una manteñidad que nació con el pueblo llano, pero se abraza con la burguesía porque sólo le importa vivir y ser feliz, después de todo.

Nuestra historia la forjan los periodistas que se hicieron en el raja mano del linotipo, pero iniciaron una ruta que sigue indetenible como Silvio Burbano, Joselías Sánchez, Pedro Vincent, José Camacho, Frank Espín, Pepe Vinueza, Otto Ruperty, Gil Delgado Pinto.

Nuestra historia la hicieron los maestros, Maruja Cedeño, María Antonieta de Andrade, Inés Flor, Elvia Navarro, Gonzalo Andrade, Margarita Kaviedes, Guillermo Navia, Viliulfo Cedeño, Juan Burau Alvarado, Camino y Ronquillo integrados al glorioso colegio Cinco de Junio y al Colegio Manta, son el símbolo de una época que puso al conocimiento como poder supremo de la manteñidad y a amar el influjo de las letras manabitas.

Nuestros poetas grandes como José María Egas y Hugo Mayo, Angélica Flores y Jorge Cevallos, Gustavo Cañizares y Pedro Gil, siguen la senda trazada desde las estrellas, o nuestros narradores como Ubaldo Gil, Franklin Briones, Ramón Chávez, Santos Miranda, Jhon Milton Palma, y también seguimos la hilera trazada, por los líderes populares que alcanzaron la gloria como Luis Valdivieso, Pablo Cornejo, Orley Zambrano y Richard Briones.

Nuestra poesía es perfecta. Desde la canción de las voces infinitas, del gran Horacio Hidrovo, pasando por la romanza de ausencia de Vicente Flor; que inspiran a los vates manteños, Stalin Valdivieso, Manuel Praedes, Damia Mendoza, Galo Holguín, Nixon García, Carlos Coello, y esa pléyade que no deja de brillar por todo lo alto. Cien libros han publicado los manteños entre Mar Abierto y la Tinta Acida.

Somos una legión de gladiadores por la libertad, nadie sabe de dónde hemos llegado, pero probablemente somos los señores de las estrellas, nos inunda la luz, somos guerreros de los amaneceres, el manabita se levanta temprano y usa el machete de su inteligencia para hacer las cosas más perfectas, y nos sale perfecto el dulce de pechiche y la empanada de verde; el rompope y la majada; el manjar de leche y los alfajores; el viche, el corviche, el ceviche y el camotillo; nuestras comidas son perfectas, nuestros artistas cantan hermoso, el pasillo Manabí y la Tejedora; es de oir sino a Eduardo Brito, a Kike vega, a Lilián Suárez y a Abilio Bermúdez; a Juan Alava; A Viviana Alvarado, Tito Macías a Magaly Macías, a Margarita Pilay, nuestra música es perfecta y los besos de la mujer manabita saben mejor porque ellas están hechas, con mermelada de las estrellas y pueden matar de amor por las mañanas.

Los manteños de la nada hicieron una Universidad.

Así que ningún terremoto va a vencernos, por pintado que fuere y vamos a decirle al Gobierno con voz firme, que lo estamos esperando señor gobierno para que nos devuelvan la plata de la Reconstrucción que se la han robado toda.

A usted señor Presidente de la República, que todavía tenemos fe y confiamos y creemos, pero detrás de los sueños está la fuerza de la verdad y con la verdad nos sostenemos.

Al señor Alcalde electo de Manta, que confiamos en su juventud y en su fortaleza, que nos hizo levantar esa bandera de hacerlo mejor, de hacerlo de otro modo, de lograr un gobierno ciudadano, un gobierno transparente, que nos de y que no nos quite; que nos impulse a ser mejores, que nos devuelva lo que se llevó el terremoto; que nos ponga en el mar de los abrazos y no en el mar de Sargazos; que nos haga seguir por rumbo cierto, porque según decía el buen Séneca, “al navegante que no sabe a dónde va, ningún viento le es favorable.”

Somos, seremos, soy.

Hasta siempre.

Víctor Arias Aroca
2019-04-15

Soy la vida hasta que muera. Historiador y cronista de Manta - Jocay, mi ciudad puerto de Manabí, Ecuador. Periodista - Docente en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, Ecuador - Mis estudiantes me llaman "Maestro de la sonrisa eterna". Mi Facultad me declara "Patriarca de la Facco". Para mis lectores soy un "Diálogo con Joselías". Soy amante de la vida, río a carcajadas, con Cecilia somos una familia de cuatro hijos y nueve nietos, por ahora. Bailamos "chévere". Nací junto a las olas, vivo frente al mar, converso y río con mis padres que siguen iluminando mi vida aunque estén muertos. Mis hijos son maravillosos. Cada uno de ellos me llena de asombros. Los amigos son libros abiertos para la descontextualización de la relación humana. Proclamo la paz y respeto la diversidad.

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