Hombres de mi pueblo Manta centenaria Retrospectiva

Luis Agustín y sus 69 años.

Luis Agustín Sánchez Ramos, un tarqueño ilustre en la ciudad de Manta celebra sus 69 años recordando la tragedia del terremoto que lo dejó sin la casa que, junto a su hermana, habían construido con tanto esmero.

LUIS AGUSTÍN Y SUS 69 AÑOS.

Joselías Sánchez Ramos. / sjoselias@gmail.com / 2019-03-29.

Hola amigos. Hay alegría en la familia. Nuestro cuarto hermano cumple 69 años. Dice la farándula que es la edad más sexy, la edad en que las fiestas tienen más encanto, aunque, si cambiamos los dígitos, 96, será oficialmente abuelito.

A los 69 años, mi hermano ya es un hombre de experiencia y sabiduría, aunque con unas cuantas arrugas más, puede elegir entre el comodín del público y/o abrazarse con los nietos que es su mayor encanto.

Luis Agustín nació en nuestra cuna de petate, con un toldo inmenso en la vieja casa del torrencial Tarqui cuando los aguaceros no paraban nunca. Mi padre lo cogio en sus brazos mientras la partera atendía a mi madre que pensaba en su hermano Luis y miraba a su padre Agustín, entonces decidieron llamarlo Luis Agustín.

“Otro varoncito, Crucita, ya van tres” le dijo don Víctor a su amada Crucita. Mi mamá entendió el mensaje; nuestro próximo hermano también fue varón. Entre dos hermanas y cinco varones, Luchito vivió su juventud y creció como hombre enfrentando y superando la muerte en el Cuartel Militar de Loja, donde hacía su conscripcion.

Entre sus sueños de ser médico y su gran amor, Beatriz Alvarado Farfán, decidió construir una familia de cinco hijos. Ahora es abuelo de muchos nietos.

Un día me dijo que me había inscrito en la Universidad Abierta de Loja para estudiar Derecho y se hizo abogado. No ejerce porque asumió la “querencia” paterna y allí en esa vieja propiedad de mis abuelos, que mi padre les compró para hacer su casa, Luchito y mi hermana Marianita se quedaron para cuidarlos hasta sus longevas muertes.

Marianita sacó sus ahorros, Luchito vendió un terreno de su propiedad; juntos invirtieron en la reconstrucción de la casa de nuestros padres. Quedó bonita. Mas, cuando aún no la habían gozado, vino el terremoto del 16 de abril y, pu lu lum, la casa tuvo que ser demolida. Se quedaron sin casa y sin dinero. Ah, la resiliencia de los Sánchez es igual a la de todos los mantenses que vivimos en Tarqui.

Pasó un año y el MIDUVI desatendía su pedido para que le construyan una “casita” (4 x 10) en el devastado terreno ubicado en la Av. 108 y la calle 108. Grígory, su sobrino arquitecto, orientó el cambio de suelo para agilizar la construcción. Gastó sus pocos recursos. Finalmente, tres años despues, tiene una casita del Miduvi que oficialmente aún no ha sido entregada pero ya debe pagar las cuotas que exige el Gobierno.

Es un hombre asombroso. Luego de poner a buen recaudo a su familia regresó a la propiedad para salvar sus perros, sus gallinas “culinchas”, sus gatos y sus árboles. Dos perros sobrevivientes ya murieron. La tortuga “marchante” también pereció y, aunque no ha querido, se la ha dado “el vire” a algunas gallinas sobrevivientes.

Mi hermano y su familia nos han convocado al barrio Palo Santo de Urbirrios. Allí vive su hijo, su nuera y sus nietos.

Mi familia es una de las fundadoras de Tarqui. Mis abuelos, vinieron desde Montecristi a la Ensenada después del arrastre de Alfaro. Su familia formaba parte de las huestes montoneras. Allí, en la calle Portoviejo y Aguarico, junto a mis abuelos José Agustín y María Natalia, nacimos, crecimos, aprendimos a trabajar, nos educamos. Con nuestra creatividad construimos una ideología tarqueña. El Congreso Nacional en el año 2.000 reconoce a nuestro padre como “Patriarca y benefactor del pueblo de Manta”. Don Víctor es una leyenda de la ciudad, un patrimonio del pueblo como lo dice don Clímaco Briones.

Mi hermano de 69 años nos dice: “Fuimos vida en medio de 48 segundos de horror. Somos vida en el desastre que ya cumple tres años. Somos la resiliencia viva. Nos levantamos con nuevos emprendimientos. Así somos los tarqueños y la tarqueñidad”. Gracias hermano. Mi padre está orgulloso de tu vida. (Joselías, 2019-03-29)

Soy la vida hasta que muera. Historiador y cronista de Manta - Jocay, mi ciudad puerto de Manabí, Ecuador. Periodista - Docente en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, Ecuador - Mis estudiantes me llaman "Maestro de la sonrisa eterna". Mi Facultad me declara "Patriarca de la Facco". Para mis lectores soy un "Diálogo con Joselías". Soy amante de la vida, río a carcajadas, con Cecilia somos una familia de cuatro hijos y nueve nietos, por ahora. Bailamos "chévere". Nací junto a las olas, vivo frente al mar, converso y río con mis padres que siguen iluminando mi vida aunque estén muertos. Mis hijos son maravillosos. Cada uno de ellos me llena de asombros. Los amigos son libros abiertos para la descontextualización de la relación humana. Proclamo la paz y respeto la diversidad.

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