Manabí: la unidad en la diversidad.

MANABÍ: LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

Joselías Sánchez Ramos. / sjoselias@gmail.com / 2018-06-07.

Hola amigos. El creador de la integración nacional fue el manabita Eloy Alfaro Delgado. El 25 de junio de 1908, conducido por el maquinista Arturo Munizaga, llega a Quito desde Guayaquil, la locomotora No. 8, a través del ferrocarril trasandino que enlaza las dos ciudades más importantes del Ecuador.

Doce años antes, en 1899, con su visión de unidad nacional, estructura al ejército ecuatoriano y crea el Colegio Militar que hoy lleva su nombre. En 1910, en la frontera, ese ejército gritaba: “Túmbez, Marañón o la guerra”, perfilando la aspiración de un Estado Nacional.

Ideas y realidades de un visionario. ¿Hombre superior? ¡Si! Por tanto, incomprendido para su época. Fue traicionado en Guayaquil y victimado en Quito. Los hilos invisibles de los poderosos exportadores y terratenientes de estas dos ciudades no podían concebir la unidad nacional.

Es fácil entender, entonces, el discurso de sus políticos, periodistas, poetas, escritores, empresarios, economistas y sociólogos quienes reclaman la “unidad nacional” mientras se niegan a reconocer la existencia de las otras provincias porque consideran suyas.

Quito cree que la Sierra le pertenece; después de los años 70’s también asumió el Oriente y se llevó el petróleo; después de los años 90´s se cree dueño de la ecología, del turismo y de Galápagos. En estas dos primeras décadas del siglo XXI se cree dueño del conocimiento, la ciencia y la tecnología. Guayaquil se cree dueño de la Costa, de los puertos y de la riqueza de exportación; ahora ya tiene Posorja, puerto de transferencia internacional de carga para el siglo XXI.

Ellos inventan la teoría del péndulo para justificar que la Presidencia de la República debe variar entre un serrano o un costeño que ellos escogen y manipulan. De vez en cuando se rasgan las vestiduras e invocan el regionalismo, el centralismo y otras invenciones que esparcen a través de sus medios de comunicación para hacer creer que esta es la realidad del país.

La Constitución establece la territorialidad de las regiones que no la pueden aplicar porque existe una provincialización muy insertada en el alma popular de los ecuatorianos, aunque insisten en la distritalización para generar una Manabí del Norte y una Manabí del Sur.

En este realidad inventada aparece Cuenca con su inocencia poética y su insondable visión para alzarse con la cultura y revestirse como “Atenas del Ecuador”.

Al sur está Loja que, en 1859, se proclamó Estado Federal mientras Quito, Guayaquil y Cuenca proclamaban gobiernos diferentes.

Esta disquisición para preguntarnos: ¿Por qué el manabita Eloy Alfaro pudo tener una visión de unidad nacional y trabajar la integración ecuatoriana?

Simplemente por eso, porque es manabita, porque respetaba la diversidad de la gente que habitaba las distintas provincias de la Sierra o de la Costa, porque entendía que cada una de ellas tenía sus propias aspiraciones y realidades.

Manabí ha sido, es y será, el ejemplo más patético de la unidad en la diversidad que tanto buscan los europeos y que los ecuatorianos de Quito y Guayaquil no entienden ni entenderán por su escasa o ninguna experiencia vivencial en comunidades que tienen una identidad común aunque piensen diferente.

Fuimos dos pueblos: Portoviejo y Jipijapa. Al reconocerse a Montecristi, fuimos tres cantones. Luego sumamos trece. Hoy somos 22 y, con la Manga del Cura como cantón, seremos veintitrés.

En Manabí, ningún cantón se siente inferior como tampoco hay una ciudad que sea superior a las demás. Cada cantón trabaja por ser diferente y superior. Portoviejo es la capitalidad del sentimiento provincial. En ello reside nuestra fuerza y nuestra identidad regional: somos manabitas, respetuosos de nuestra diversidad, creyentes de nuestra unidad.

A esto, los burócratas llaman cantonismo y dicen que somos desunidos.

Son ignorantes. No entienden la unidad en la diversidad porque, a pesar de la constitucionalidad de un Ecuador plurinacional, han invisibilizado al pueblo cholo del Ecuador, simple y llanamente porque desconocen la realidad del entorno ecuatoriano.

Razón tiene Portoviejo cuando se convoca para una marcha cívica el 21 de junio de 2018 porque, en la verborrea centralista, es tan fácil pasar el nombre de un hospital (Verdi Cevallos) a otro (hospital de especialidades) y declarar que lo han ubicado en la categoría dos.

El junio manabita debe ser un mes de reflexiones, acciones y consecuciones, no sólo para los viejos, poseedores de la sabiduría, sino y sobre todo para los jóvenes, poseedores de la energía. No se preocupen de la burocracia centralista, siempre será ignorante del Ecuador profundo y tienen miedo de soltar el poder porque no saben vivir de otra cosa sino del herario nacional. Somos la unidad en la diversidad. (Joselías, 2018-06-07)

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