El arte de tejer la paja toquilla.

LA UNESCO Y EL ARTE DE TEJER LA PAJA TOQUILLA.

José Elías Sánchez Ramos / sjoselias@gmail.com / 2017-12-05.

El arte  de tejer la paja toquilla es un patrimonio cultural inmaterial de la humanidad reconocido por la Unesco el 5 de diciembre de 2012.

INPC R4 Cdad Alfaro

Manabí evoca esta fecha con una “Exposición del sombrero de Paja Toquilla: Patrimonio Vivo”, que se realizó en centro cívico Ciudad Alfaro, en Montecristi, desde las 09:00, en la que participaron artesanos de la provincia quienes expusieron sus experticias en la elaboración de los sombreros, reconocidos en el mundo entero por su fineza y textura.

Los representantes de los Ministerios de Cultura y Patrimonio, del Ministerio de Turismo y del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural; el Prefecto Provincial y el Alcalde de Montecristi; la presentación del libro “Senderos de Toquilla“, de la autora María Emilia Moncayo; la participación del escultor manabita Ivo Uquillas quien pintó en vivo un cuadro de la tejendera, la presentación de Raymundo Zambrano quien mostró su arte oral con el amor fino y la música montuvia, fueron elementos importantes de esta celebración.

ARTE MILENARIO.

El origen de tejido del sombrero de paja toquilla se localiza en la provincia de Manabí. Es un arte milenario que se viene ejerciendo desde hace unos 4.000 años utilizando la paja toquilla que se cultiva en las montañas de Manabí y Santa Elena.

EN LA COLONIA.

Hacia 1630, en Jipijapa, el nativo Domingo Chóez comenzó a tejer sombreros bajo el modelo español, técnica con la que se especializan los tejenderos de Montecristi y Jipijapa.

La historiadora guayaquileña, Maritza Aráuz, en su libro “Pueblos de indios en la costa ecuatoriana“, relata:

“En esta economía mercantil, pareció insertarse desde épocas tempranas la población indígena, mayoritaria en Jipijapa y Montecristi: sea como arrieros, transportando mercaderías desde el puerto de Manta a otras poblaciones del mismo Partido (Portoviejo) y a Guayaquil, suministrando víveres y mantenimientos a los navíos que hacían escala en Manta, o comercializando fibras naturales y sus artesanías, especialmente en el último cuarto del siglo XVIII, cuando se inicia el tejido del sombrero de la paja toquilla.”

En mi ensayo histórico “Disfrute y recuperación de la memoria histórica del cantón Manta, Manabí, Ecuador – 2010“, señalo que para mediados de aquel siglo, se incrementa la producción y la exportación “para los navíos de aquel mar”, esplendor del puerto de Manta que atrae a los piratas que la asaltan y destruyen en los años 1543, 1607, 1628 y 1741, obligando a sus habitantes a trasladarse a las faldas del cerro Montecristi, llevándose consigo a la Virgen de Monserrate, obsequiada por el Rey Carlos V. En Manta solo quedan dos vigías o centinelas para divisar a tiempo los buques piratas.

Para la segunda mitad del siglo XVIII el sombrero de paja toquilla es ya un producto de comercialización.

Relata Wilfrido Loor (+), historiador:

“La industria de la paja toquilla era la más próspera. Entre junio y septiembre de 1823, se exportaron por el puerto de Guayaquil, 40.109 sombreros de paja toquilla, la mayor parte tejidos en Montecristi y Jipijapa”.

EN LA REPUBLICA.

El auge exportador de sombreros generó una etapa de bonanza económica sin precedente. En 1854 la exportación de sombreros de paja toquilla superó al cacao; hacia 1863 se exportó desde el Puerto de Guayaquil 500.000 sombreros. Europa y Estados Unidos empezaron a demandar este producto que fue promocionado en la exposición Mundial de París en 1855.

Sin embargo, la construcción del Canal de Panamá generó una gran demanda de este producto utilizado inicialmente por los obreros de protegerse del sol; luego, importantes figuras políticas y del espectáculo, empezaron a usar los sombreros de paja toquilla, convirtiéndose en un accesorio de moda muy apetecido.

Para fines del siglo XIX, Eloy Alfaro envía tejenderas manabitas para que enseñen este arte de tejer sombreros a los artesanos del Austro ecuatoriano. Las provincias del Azuay y Cañar fueron las protagonistas de lo que se conoció como el “boom toquillero”.

UN PROCESO ANCESTRAL.

El sombrero de paja toquilla se teje con las fibras de una palmera peculiar que crece en las costas del Ecuador. Los agricultores del litoral cultivan los toquillales y recogen los tallos a fin de separar luego la fibra de la corteza verde, hirviendo esta última para eliminar la clorofila y secándola después con carbón de leña y azufre para que se blanquee.

Con esta materia prima, los tejedores comienzan el tejido de la copa y del ala del sombrero. El tejido de un sombrero puede durar de un día a ocho meses, según su calidad y finura.

En la comunidad costera de Pile, los tejenderos confeccionan sombreros extrafinos que requieren la existencia de condiciones climáticas específicas y un número exacto de puntos en cada hilera del tejido. Finalmente se lava y se blanquea el sombrero, antes de plancharlo y hornearlo.

Los tejenderos son en su mayoría familias campesinas y las técnicas de tejido se transmiten a los niños en el hogar, mediante la observación y la imitación, desde una edad muy temprana. Las técnicas y conocimientos engloban una trama social compleja y dinámica que comprende, entre otros elementos, las técnicas tradicionales de cultivo y producción, diversas formas de organización social y el uso del sombrero como parte de la indumentaria cotidiana y festiva.

RECONOCIMIENTO.

Con el avance de la industria, el comercio del sombrero de paja toquilla decayó, pero este arte del tejido se conservó y se transmitió de generación en generación.

El 5 de diciembre de 2012, la UNESCO declara al “Tejido tradicional del sombrero de paja toquilla ecuatoriano” como “Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad“ como resultado de un proceso liderado por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, entidad que elabora el expediente técnico, lo remite al Ministerio Coordinador de Patrimonio que, por intermedio de la Cancillería, lo presenta ante la UNESCO.

Este reconocimiento supera la visión monumentalista del patrimonio y el enfoque conservacionista de la artesanía como un objeto. Este reconocimiento logra que se entienda el significado y función sociocultural del patrimonio inmaterial como un conjunto de conocimientos, prácticas y técnicas tradicionales de las comunidades involucradas, que se fortalezca su autoestima y asuman el compromiso de continuar con la transmisión de los saberes.

COMUNIDADES.

El INPC mantiene un registro de las comunidades cuyos conservan esta tradición, citando a: Picoazá,  Pacoche, El Aromo, Montecristi, San Bartolo, Las Pampas, Valencia, Nueva Esperanza, Las Palmas, Los Bajos, Los Anegados, La Solita, Pile, Guayabal, La Pila, Calceta, Santa Marianita, Cerro Copetón, La Sequita, Pepa de Huso,  en la provincia de Manabí.

En la provincia de Santa Elena: Dos Mangas, Febres Cordero, Barcelona. En la provincia de Cañar: Luis Cordero, Nazar, Solano, Zhud, Déleg, Azogues, Uishil.

En la provincia del Azuay: Sidcay, Molleturo, Luis Cordero, Checa, San Joaquín, Cuchil, Tarqui, Tullupamba, Bella Vista, San Fernando, Pucará, Santa Isabel, El Pan, Oña, La Unión, Ricaurte.

Para las comunidades que la perpetúan, esta tradición artesanal constituye un rasgo distintivo de su identidad y un componente de su patrimonio cultural.

NUEVOS TEJENDEROSMontecristi, exposombreros

En el sitio Pile del cantón Montecristi, el Gobierno Nacional a través del INPC crea una escuela de tejenderos. El 20 de agosto de 2015, se graduaron los primeros 20 artesanos tejenderos de la paja toquilla, hombres y mujeres jóvenes que asumen la tarea de continuar la tradición de sus mayores: tejer el sombrero fino, extrafino y superfino, que identifica a su pequeña población de familias cholas, tejenderas, agricultoras y pescadoras, ubicada a un costado de la vía Spondylus.

Los nuevos artesanos fortalecen la cultura del tejido de sombreros finos, extrafinos y superfinos.

CINCO AÑOS.

La “Exposición del sombrero de Paja Toquilla: Patrimonio Vivo” en el Centro Cívico Ciudad Alfaro, permitió recordar este quinto año de la declaración y enfatizar en la importancia que tiene este patrimonio cultural inmaterial para Manabí y el Ecuador.

En el Parque Central de Montecristi también se realizó otra exposición del sombrero de paja toquilla y la artesanía de Manabí. Turistas de un crucero que arribó al puerto de Manta quedaron encantados durante su recorrido y adquieron la famosa prensa de paja toquilla.

 

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