Bosque de palabras.

Bosque de palabras

Por Joselías Sánchez Ramos

2017-02-14

Un solo árbol puede dar sentido a un bosque, a un pueblo o a una persona. Este es el caso del ceibo de la vieja y tradicional Plazoleta Azua, en Manta, Ecuador.

Este árbol fue sembrado el 14 de febrero de 2001, hace 16 años. Es ya un “árbol ciudadano”, con todos los derechos que le concede la Constitución de la República del Ecuador, la única en el mundo que reconoce los derechos de la naturaleza.

En la mañana del 14 nos reunimos al pie de su follaje, al amparo de su sombra y celebramos su cumpleaños junto a ciudadanos comprometidos con la naturaleza, con la siempre de árboles en esta ciudad de cerca 300 mil habitantes.

Alli recibí una planta de ceibo que me entrega doña Jacqueline de Munizaga a  quien reconocemos como “madre” de este “ceibito del amor y la amistad” como ella lo denomina.

De repente, en medio del bullicio del lugar, evoco mi niñez en la que, de repente, fui árbol en el silencio de la tarde, abrazando mi algarrobo, mi piel junto a su tronco se volvió corteza, fui hojas gritando la oración de la alegría; me sentí mecer como las ramas se mecen con el viento y me dejé ir entre la tierra húmeda para sentirme en el cielo de arreboles, mirando el mar y conversando con la luna.

Mi algarrobo. Mi padre lo sembró; mi madre nos enseñó a regarlo. Entienden por qué amo la vida.

Ahora, en la casita que después del terremoto del 16-A le estoy construyendo a Cecilia, mi mujer, deberé sembrar este ceibo, árbol patrimonial de Manabí, árbol ciudadano de Manta.

Crecí con árboles. Mis árboles de la infancia y adolescencia en el jardín de la casa: Guachapelí, Matapalo, Jaboncillo, Tamarindo, el viejo algarrobo. Mi padre sembraba árboles, mi madre sus flores y plantitas para todos los dolores y comidas (nadie se acuerda del mastuerzo para el dolor de muelas). Mi abuelo tenía sus vacas y burros, muyuyales, perlillos y copés; mi abuela nos contaba cuentos de lutonas y aparecidos.

Yo estoy aquí, junto a ustedes, con este bosque de palabras.

El árbol, un amigo. Escuche en mis adentros la canción de Alberto Cortez, ‘Mi árbol y yo’.

El árbol, un compromiso con la vida conversando con Jacqueline de Munizaga.

El árbol, un recuerdo, escuchando “El algarrobo” en la voz de mi hermano Víctor Emilio.

El árbol, una misión. Observo la paciencia de doña Elvira Cedeño de Zambrano quien tiene un color verde en mirada sembrando árboles en todas las esquinas.

El árbol, una lección, que imparten los esforzados maestros y queridas maestras de nuestras escuelas.

El árbol, un ciudadano, salúdelo en la Plazoleta Azua de Manta, Ecuador. (Josar, 2017-02-14)

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