Mi silencio, la ciudad, el mar y las gaviotas.

Mi silencio, la ciudad, el mar y las gaviotas.

Por Joselías Sánchez Ramos.

Hola amigos. El silencio es una experiencia del corazón.

Hay un silencio antes de la palabra que viene desde la intimidad. Es el pensar, un pensar el espíritu, un pensar la realidad.

Hay un silencio que viene después de la palabra. Es la reflexión. La reflexión de lo oído, leído o visto; la reflexión de la interpretación.

Hay un silencio antes del terremoto. Hay un silencio después del terremoto. Entre el pensar su realidad y entre el pensar su terremoto, Tarqui sigue siendo un vecindario extraño para la ciudad de Manta.

Jesús se retiró 40 días y 40 noches para pensar. Fue tentado con ofertas. Tarqui lleva 9 meses pensando el desastre del terremoto. Lo distraen con ofertas, rifas y canastas. Los servicios básicos para el buen vivir es un ideal de la fantasía.

El silencio de Tarqui es un desastre del dolor. Nadie ausculta sus necesidades. Sus vecinos palpitan la vida con su propia regeneración. La autoridad ausculta la tierra, el subsuelo, busca culpables.

Nelson Mandela permaneció 27 años encarcelado. Durante 18 lo mantuvieron en solitario. “La celda es el lugar idóneo para conocerte a ti mismo. Me da la oportunidad de meditar y evolucionar espiritualmente”, expresó al salir de prisión.

Pensar la tragedia. ¿Pensamos los mantenses en el desastre del terremoto?

Una mañana caminando en la playa de mis ancestros observo el volar de las gaviotas. Og. Mandino me evoca a Juan Salvador, una gaviota que quería volar más allá de los albatros. Ambicioso propósito. Emprendió el vuelo entre el silencio de todos. No miró hacia atrás. Atrás quedó su playa.

Percibo, equivocado tal vez, que la parroquia Manta, cabecera cantonal que se yergue con la altivez sus edificios no piensa en el terremoto y le ha dado la espalda a Tarqui.

No tiene tiempo para pensar.

La parroquia cabecera cantonal tiene a un costado de su territorio a San Mateo parroquia urbana donde construyó un puerto pesquero en la playa que cada día sedimenta más arena.

En el otro costado de su territorio tiene a Tarqui, parroquia urbana hacia donde desemboca el estiércol de sus aguas residuales.

Yo, caminando en su playa, sigo mirando a Tarqui.

Después del terremoto la tarqueñidad comienza a ser una identidad.

Me pregunto: ¿Será el resultado de la indiferencia de los mantenses venidos de todas partes y de los aquí nacidos que han perdido su identidad cultural?

Mi silencio, entre la ciudad, el mar y las gaviotas. (Josar, 2017-01-23)

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