Mantenses, nuestro tiempo

Diálogo con Joselías
Mantenses, nuestro tiempo
Por José Elías Sánchez Ramos
Manta, Ecuador, 2016-07-15

Resumen

Una reflexión sobre nuestro tiempo después del terremoto del 16 de abril de 2016 que convierte a Manta en escenario de complejidades para configurar desde esta transitoriedad una nueva cultura urbana y una ciudad en la Mancomunidad del Pacífico.

Introducción

Tras el terremoto, una catástrofe natural en Manabí y Esmeraldas, el desastre como un acontecimiento humano que descubre nuestras vulnerabilidades sociales, económicas y políticas.

El cataclismo provoca muertes, heridos y desaparecidos, la destrucción de viviendas, comercio e industrias, vías de comunicación, la infraestructura de agua y saneamiento, luz y telecomunicaciones, centros de salud y educación.

Pedernales, Jama, Bahía de Caráquez, Portoviejo y Manta son las poblaciones más afectadas. En Manta, Tarqui se convierte en zona cero. Del desconcierto inicial, el desastre va convirtiendo a Manta en la ciudad con el mayor número de viviendas destruidas, muertos, heridos y desaparecidos, un poderoso escenario de la ayuda internacional y de la solidaridad de los ecuatorianos.

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Tras el éxodo de la población directamente afectada, la vieja Tarqui, nervio y corazón de la economía local, va descubriendo nuestras vulnerabilidades sociales, económicas y políticas. A medida que pasan los días, sienten a Manta como una ciudad de abandono, a los tres meses los tarquenses perciben el desprecio político. Mauro Mera, periodista, nos habla sobre la ciudad de la ira. Víctor Arias, abogado y presentador de noticias, nos recuerda la desesperanza.

Pienso que la realidad nunca es como lo imaginan las personas. Tras los 48 segundos del terremoto del 16 de abril de 2016, entre dolor, lágrimas y lamentos, los mantenses se dieron cuenta que estaban vivos.

A medida que pasaron los próximos segundos, minutos, días y meses, en el fondo de sus corazones y en sus mentes se dieron cuenta de un indecible abandono y un soterrado desprecio de sus autoridades.

El sainete de las declaraciones de prensa, el marketing de una ciudad que se levanta entre videos de esperanza, el teatro, callejero y virtual, de una maratón para recaudar fondos, solo configuran que la tragedia del pos-terremoto es más terrible que el propio terremoto. A la catástrofe el desastre. Un desastre que revela nuestras vulnerabilidades urbanísticas y políticas, que vuelve caótica nuestras redes comerciales, que aumenta el desempleo, que se ceba en los pobres y carentes de poder, que estimula la polarización social y pareciera configurar un deliberado proceso para que los vecinos de Tarqui abandonen sus solares vacíos y sean transferidos a bajo precio.

Se recuerda que el “COE” al inicio de la tragedia dispuso dejar a los tarquenses sin agua, luz, ni comunicación; luego se difunde que su suelo está licuado y no es apto para la construcción de viviendas; incluso se pide declarar la tierra de utilidad pública para construir un parque como Los Samanes de Guayaquil.

El COE, el famoso COE que desconoce nuestra realidad, nuestro arraigo, nuestra identidad y nuestra memoria. En Portoviejo, por ejemplo, disponen derrocar a la “Tiburcio Macías” vieja escuela que desde 1821viene educando a los niños manabitas. En Manta quieren sacar de Tarqui a su viejo Colegio San José.

Tarqui

La vieja Tarqui es declarada zona cero. Edificios destruidos, muertos, heridos y rescatados vivos de entre los escombros. Después de tres meses desde el terremoto los vecinos de la zona cero recuerdan sus casas derrocadas, miran sus solares vacíos, los servicios básicos destruidos.

Tarqui vive

Los vecinos se quedan sin hogar, sus familias dispersadas; sus colegios, escuelas, mercados, hoteles, sitios de referencia, su hospital del IESS, todo ha desaparecido. Hasta el poder de reconstrucción de su Alcaldía y Gobierno Autónomo Descentralizado desaparece entre gritos de concejales enfrascados en la integración de sus comisiones.

Aracely Vélez Bravo grita ¡Tarqui vive! Es una joven tarquense que convoca a la comunidad e invita a los vecinos afectados. La reunión en el parque de la parroquia frente al Colegio San José será el sábado 16 de julio, a los tres meses de la catástrofe. Al final del estado de excepción. Se tratarán temas importantes.

Estamos cansados del abandono repiten Robert Vera y Ramón Cevallos, dirigentes de la parroquia quienes comparten la convocatoria con todos los vecinos.

No somos el desastre, somos las víctimas del desastre, proclama Luis Agustín Sánchez cuya familia es una de las fundadoras de la parroquia.

La polarización social es tan visible que se reconstruyen para embellecer calles que están en buen servicio mientras se mantiene en abandono a los mantenses de Tarqui, Jocay y Miraflores. Es como la configuración de un desprecio social y político para Tarqui cuyas mujeres recuerdan que se la declaró zona roja para el turismo, que sus calles fueron inundadas de heces fecales para convertir luego a su balneario en una micro-laguna de aguas servidas.

Tarqui, escenario del desastre con rostro político.

Transición y utopías

Este abandono y desprecio a la población que más sufrió los efectos del terremoto es una clara demostración que se viven tiempos de transición y construcción de nuevas utopías.

Es importante mantener el valor para entender el cambio. “Cuando los humanos pierden la valentía, siempre se avecinan todo tipo de tragedias”, afirma Ai Weiwei, controvertido artista y activista chino.

Los mantenses de mente lúcida y corazón ardiente deben reunirse para la construcción de alternativas que fortalezcan un desarrollo humano diferente. Reunirse para la construcción de nuevas perspectivas que fortalezcan el bienestar de los manabitas y el buen vivir de los mantenses.

La comunidad mantense debe reunirse para apropiarse de las redes digitales y los sistemas de información superando la mediocridad de la deshonra del otro y la visualización pomposa del mandante de turno. No perdamos el tiempo en ello.

El terremoto es una oportunidad dura, difícil, dolorosa, para construir una nueva ciudad, ampliar la solidaridad y desterrar el egoísmo. Pongamos en vigencia la vieja frase de los mantenses: “Manta será grande con el esfuerzo de todos”.

El valor de uso de Manta, ciudad del siglo XXI, debe superar los viejos sueños del siglo XX, del puerto de transferencia o aguas profundas, vía intermodal Manta – Manaos, aeropuerto intercontinental. Hay que mirar la realidad y reírse a carcajadas con la ruta de la seda china que desde la APM se le propone a Manta.

Hay que crear la “Mancomunidad del Pacífico” integrando a Manta con Jaramijó y Montecristi para construir una sola ciudad con una nueva cultura urbana; para aceptar la propuesta de Pablo Cornejo que sugiere solicitar al Gobierno destine las instalaciones de la Refinería del Pacifico para asentar allí el parque industrial de Manabí y una sola ZEDE para la región; para apoyar a Portoviejo en su propuesta de convertirse en el centro de producción y de la industria agropecuaria de Manabí; para pedir al Gobierno nacional que declare a “Manta puerto libre” de manera que los manabitas recuperemos la dirección de nuestra Autoridad Portuaria, si, puerto libre como Colón en Panamá, si, dado que el Gobierno nacional ya declaró a Posorja como puerto de aguas profundas del Ecuador con una APP de 1.200 millones de dólares.

A veces, uno siente el desprecio cuando escucha que el puerto de Manta cuesta 135 millones y Puerto Bolívar 750 millones y Posorja 1.200 millones.

Los profesionales, los universitarios, los empresarios, los exportadores, los hombres y mujeres que invierten y producen, los políticos y obreros, choferes y comerciantes, artesanos y pescadores, gestores de la cultura y promotores del turismo, todos los mantenses y los que residen en Manta debemos mirarnos hacia adentro para pensarnos y reconocernos; debemos mirar hacia afuera para mirar a los otros, solidarizarnos, juntar esfuerzos y avanzar juntos.

Corolario

Es poco pedir. Solo es cuestión de decisión.

La catástrofe, el terremoto, una gran oportunidad.

El desastre como acontecimiento humano no debe superar nuestras entelequias.

Con nuestra resiliencia superemos los traumas para construir una nueva cultura urbana, una nueva ciudad en la mancomunidad Montecristi, Manta y Jaramijó.

Aprendamos a sentirnos grandes como el Independiente del Valle que su última taquilla, la de la gran final, también la entregan para nuestros hermanos afectados del terremoto en Manabí y Esmeraldas. Una lección de la sencillez como grandeza humana (José Elías Sánchez Ramos. Manta, 2016-07-15)

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