Las tradiciones navideñas de los pescadores artesanales manabitas pierden espacio

Las viejas costumbres del chigualo que se practicaban en Tarqui–Los Esteros, Palo Verde, Pacoche y San Lorenzo han desaparecido. En su reemplazo surgen los pesebres que se arman en los barrios.

Joselías Sánchez Ramos. Historiador

EL TELEGRAFO – Regional Manabí. Domingo, 27 de diciembre de 2015

http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/regional-manabi/1/las-tradiciones-navidenas-de-los-pescadores-artesanales-manabitas-pierden-espacio

12_27 Tradiciones navideñas de los pescadores

En la iglesia Nuestra Señora del Mar, en Santa Marianita, los niños cantan chigualos alrededor del pesebre. Foto: Rodolfo Párraga/El Telégrafo

Joselías Sánchez Ramos. Historiador

El pescador artesanal de Manta y Jaramijó celebra sus navidades en familia; las viejas tradiciones del chigualo (versos montubios navideños —tipo villancicos manabitas—) que veíamos en Tarqui–Los Esteros, Palo Verde, Pacoche y San Lorenzo han desaparecido.

Los “nacimientos” que evocaban a Belén, los pastores, reyes magos, José, María y el Niño, también están siendo reemplazados por los árboles de navidad. Sin embargo, Papá Noel no ha podido posicionarse.

Alexis Puya y Diana Solís, trabajadores del área de comunicación del Viceministerio de Acuacultura y Pesca del MAGAP en Manta, Ecuador, al preguntarme cómo celebran la Navidad los pescadores artesanales despiertan la curiosidad sobre este tema olvidado en mi memoria.

Definido el problema se establece como universo de estudio a los pescadores de Jaramijó y Manta, marco referencial para sustentar los elementos teórico conceptuales de la investigación en estudios anteriores realizados sobre el pueblo cholo del Ecuador, su invisibilización en la Constitución de la República y sus invaluables aportes a los patrimonios culturales inmateriales del mundo (el arte de tejer la paja toquilla) y de la República (fiestas de san Pedro y san Pablo).

Pescador artesanal

En la faja costera de Jaramijó y Manta habitan los pescadores que, conjuntamente con los del sur costero de Manabí, de las provincias de Santa Elena, Guayas y El Oro, constituyen el pueblo cholo del Ecuador. Su escenario de trabajo es el mar, amigo, compañero de la soledad y confidente de su vida.

En este mar, sus ancestros ejercieron la pesca y la navegación, destrezas y habilidades que se fueron trasmitiendo de generación en generación. Hasta mediados de los años ochenta del siglo pasado, el bongo, una vela latina y sus aparejos de pesca eran los instrumentos de su trabajo diario; dependiendo del tiempo se hacía a la mar en el atardecer o en el amanecer mucho antes de que salga el sol. Cuando retornaba con el producto de su pesca en la playa lo esperaban su mujer, familiares y amigos. La estrella del sur era su brújula, el cerro de Montecristi su faro en lontananza.

Estos bongos eran labrados en troncos de “Jaile” del que sacaban también los “polines”, pedazos de troncos que servían para hacer rodar la canoa sobre la arena muerta de la playa.

El remo terminado en punta de lanza servía para hendir la arena al salir de la playa y embestir con destreza a la ola evitando ser “volcados”. La vela latina era su motor de navegación.

Desde el último cuarto del siglo pasado el pescador reemplazó su bongo con “fibras de vidrio”, la vela con el motor fuera de borda, la estrella del sur y el cerro por brújulas y GPS, logrando mayor autonomía en la navegación y nuevas áreas de pesca; al escasear los cardúmenes se enganchan en pequeños barcos que los llevan mar afuera dentro de las 10 millas de mar territorial, anclan en el lugar más propicio mientras las fibras y el pescador hacen su tarea; la captura se conserva en esta embarcación mayor hasta el retorno a tierra.

El pescador convive en barrios y en pequeños grupos sociales con su familia, amigos y parientes cercanos como tíos, primos en una relación generosa, solidaria y de aprendizajes en la que los más viejos enseñan el arte de la pesca a los más jóvenes, una tradición que se ha transmitido a través del tiempo como el arte de tejer la paja toquilla o de celebrar la fiesta de san Pedro y san Pablo.

Este arte de la pesca artesanal debería ser declarado como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad e inscribírselo en la Unesco para tal efecto. También hay otras actividades pesqueras que se realizan en solitario con la marea baja. Unos con la atarraya en el mar cercano capturando pequeños peces, y otros en las rocas sacando pulpos, cangrejos o langostas, según la temporada.

Los propios pescadores reconocen que el Gobierno Nacional ha prestado gran atención a la pesca y a los pescadores, desde la legislación hasta la construcción de una cadena de puertos pesqueros artesanales en la Costa del Pacífico ecuatoriano.

La Navidad pesquera

La Navidad es una fiesta cristiana universal. La palabra es una contracción de “natividad” y significa natalicio. Recuerda el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, dispuesto por la Iglesia desde el siglo IV.

Fue una manera de superar la celebración del solsticio de invierno (21 de diciembre), que los pueblos no cristianos celebraban como fiesta de la cosecha durante 7 días, dedicados específicamente al dios romano Saturno.

La Navidad o el nacimiento de Jesús es una fiesta religiosa y familiar vinculada con la ternura e inocencia de los niños.

Las familias se reúnen en la cena del 24 de diciembre y posteriormente intercambian regalos con los niños y adultos. Al desearse “feliz Navidad” se comparte la paz y el buen vivir como aspiración universal de la humanidad.

En las zonas de nuestro estudio, el pescador mira al mar, luego vuelve la mirada a su familia para celebrar la Navidad en el seno de su hogar, después de la cena vuelve al barrio, se reúne con los vecinos en un intercambio de abrazos y salud. Las viejas tradiciones del chigualo que veíamos en Tarqui–Los Esteros, Palo Verde, Pacoche y San Lorenzo han desaparecido.

En su reemplazo surgen los nacimientos que se escenifican en los barrios con el concurso de las mujeres del sector que inician la novena el día 14 de diciembre y concluye el 23 con una representación que acude hasta la iglesia.

El 24 de diciembre se celebra la fiesta en el barrio con cañas ensebadas, ollas encantadas y el reparto de juguetes a los niños. En Tarqui y Los Esteros, esta práctica barrial y familiar también está desapareciendo. El nacimiento está siendo reemplazado por el árbol de Navidad.

En la parroquia San Mateo, cuyos habitantes son netamente pescadores, la celebración de la Navidad es familiar y barrial, comenta la dirigente Belkis Flores. Se elaboran algunos “nacimientos” en determinados barrios que el 24 de diciembre reúnen a los niños del lugar para realizar juegos populares, repartir caramelos y juguetes o visitar las zonas pobres entregando “presentes”.

También se participa en la misa de medianoche que se celebra en la iglesia de la parroquia. No hay referencias de cómo celebraban la Navidad los habitantes del antiguo Palo Verde, población que hoy se llama San Mateo.

En la zona rural, al sur de Manta no hay representación de nacimientos ni novenas. Los chigualos que eran tan populares en el siglo pasado han desaparecido, comenta Pedro López, un viejo sanlorencino de 78 años quien recita versos de los chigualos de su juventud.

Los pescadores y sus familias participan en la fiesta que se celebra en algunos sitios y recintos como en Las Piñas reconocida caleta donde la fiesta comienza el 12 y concluye el 15 de diciembre, con una gran celebración; durante estos días se acude a la iglesia para venerar a Nuestra Sra. María del Rosario y María Auxiliadora.

Pascual López, Néstor Alarcón y Carlos Arízala, del sitio Santa Rosa destacan que los pobladores celebran su fiesta el 2 de enero de cada año, que recoge la tradición de todos los sitios y reúne pescadores de toda la zona rural con la misma connotación que la de Las Piñas, la fiesta de San Lorenzo y otras. La Navidad solo se celebra en las casas y después de la reunión de la medianoche, se duerme.

En Jaramijó, César Cañarte Reyes, estudiante universitario e hijo de pescadores, refiere que la Navidad se celebra como en todas las poblaciones pesqueras, pero que todavía se observa a algunos pescadores que practican la vieja tradición de bañarse en el mar una noche cualquiera del mes de diciembre para limpiarse de “los malos humores” y recibir “limpios” el nacimiento de Jesús y el año nuevo.

Por: Joselías Sánchez Ramos (O)

 

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