El orgullo de ser ecuatoriano – Manabí 2014 – 18

Diálogo con Joselías

El orgullo de ser ecuatoriano

Por Joselías Sánchez Ramos
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí
joselias@gmail.com / joselias2022@outlook.com
Manta, 26 de junio de 2006

¡Hola amigos!

El sol sale como todos los días pero en Ecuador algo ha cambiado. Los habitantes de este pequeño país nos hemos reencontrado a lo largo de 176 años. Multiculturales y diversos estamos construyendo un alma nacional a partir de múltiples fenómenos culturales. Uno de ellos es el fútbol, esta pasión sin límites que nos ha estremecido hasta los tuétanos para hacernos sentir orgullosamente ecuatorianos.

Seguimos adelante Ecuador. Orgullosos de lo que somos, de lo que representamos, de lo que tenemos, orgullosos de ser como somos. También somos manabitas.

Los manabitas nos preciamos de poseer una identidad incuestionable, construida sobre la diversidad cantonal. Somos un modelo de pensamiento, un paradigma de la unidad en la diversidad desde donde surge esta poderosa vocación natural para pensar y trabajar por la unidad nacional, mayúsculo sentimiento que nos hace fraternos con nuestros hermanos de esos “cuatro mundos” ecuatorianos de los que tanto se habla en la Alemania del Mundial de fútbol.

Esta vocación de unidad nacional alentó las visiones del manabita Eloy Alfaro que nace en Montecristi el 25 de junio de 1842. La construcción del ferrocarril Guayaquil – Quito es el mejor testimonio. Haciendo sonar el silbato, la primera locomotora llega a la capital de la República el 25 de junio de 1908. Ha superado todas las dificultades, le entrega al país su obra magna para unir las dos regiones y comenzar a fabricar la unidad nacional de costeños y serranos.

Su revolución, la revolución alfarista, identificada con la libertad, genera un nuevo modelo de pensamiento en nuestro país: el laicismo, esa doctrina de libertad educativa que respeta la diversidad de pensamiento, que trasciende por su tolerancia y respeto al modo de pensar del otro, que alienta la educación científica, que fortalece la conciencia de libertad y solidaridad humana y que, como resultado de su ejercicio y aplicación, Ecuador puede preciarse de su democracia y su estado social de derecho.

En homenaje a Eloy Alfaro y su trascendente pensamiento libertario, el Estado Ecuatoriano establece que el 25 de junio de cada año, coincidiendo con su natalicio, se consagre a la libertad educativa y se reconozca como “Día del Laicismo Ecuatoriano”. El Acuerdo Ministerial No. 968, se expide el 14 de febrero de 1989 y dispone que en esta fecha, escuelas, colegios y universidades organicen debates, seminarios, conferencias, actos culturales y oros eventos durante los cual se haga trascendente la obra de Alfaro y se discutan los logros y aspiraciones de la educación ecuatoriana fortalecida con el legado filosófico del laicismo.

Pero esta fecha encierra otros dos fenómenos de comunicación histórica estrechamente vinculados con la sociología política y educativa de Manabí: la provincialización y la creación de la Universidad Técnica de Manabí.

Este año celebramos los 182 años de nuestra constitución como provincia. No es la simple creación de una provincia, es algo más. Por ejemplo, la Provincia de Manabí nace el 25 de junio de 1824, es decir, nace antes que la República del Ecuador. Ecuador se constituye como Estado el 13 de mayo de 1830; su historia republica tiene sólo 176 años.

Es un elemento de análisis para reafirmar que los manabitas hemos construido una identidad cultural muy propia porque aprendimos a querer lo nuestro, a recordarlo, a sentirlo y esta condición cultural nos ha procurado la fuerza social para transformar nuestras debilidades en fortalezas, para aprender a construir sobre nuestros desastres, para superar las derrotas con una extraordinaria cultura que no se ha estancado en la marginalidad ni en la queja sino que ha confrontado sus propios errores para crecer como individuo y como colectividad.

Dos entes protagónicos surgen de este quehacer de tiempo y espacio: el montuvio y el cholo, el agricultor y el pescador, el provinciano y el pata salada. Estos dos entes antropológicos logran transformar lo despectivo en símbolo de orgullo para conceptualizarse a si mismo con una identidad muy propia: “manabita”.

Tengo escrito una obra, un ensayo como “Una visión antropológica e histórica de Manabí como región provincial con una identidad cultural y unidad política administrativa”, en la cual sostengo que la identidad cultural manabita es una “Identidad regional definida como conciencia compartida de los habitantes de Manabí, conciencia de pertenencia a una comunidad regional específica, resultado de un largo proceso dialéctico que se inicia en la prehistoria latinoamericana, se condiciona durante la conquista, se refuerza durante la colonia, se vigoriza durante las luchas de la independencia, se trasluce durante la República del siglo XIX como revolución alfarista, para convertirse en una “ideología manabita” desarrollada sobre la territorialidad y la etnicidad.”

Mi país, Ecuador, adolece de esta identidad cultural porque a lo largo de sus 176 años de vida republicana no logró, ni siquiera reconocerse como Estado, cuando desecha su propia fecha de creación como Estado republicano. Las visiones culturales de quienes han gobernado la República aún siguen persiguiendo los fantasmas de la Colonia recordando los “10 de agosto” o pretendiendo heroicidad en las guerras de la independencia recuerdan los “9 de octubre” o “24 de mayo”, de manera que no han creado sus héroes republicanos y, si alguno ha surgido, lo han arrastrado hasta quemarlo pretendiendo desaparecerlo de la historia.

En Manabí no ocurre aquello. Aquí celebramos nuestra nación manabita que nace el 25 de junio de 1824 y, sin olvidar nuestro pasado histórico, hurgamos en el futuro para fortalecer nuestro país con nuestra propia experiencia social. Por eso estamos trabajando en la creación de un mega puerto desde Manta para la República.

Mientras Quito posee una Universidad centenaria y Guayaquil también se precia de lo suyo, nosotros, los manabitas, recordamos con algarabía y confianza, los 52 años de nuestra Universidad Técnica de Manabí que nace el 25 de junio de 1954 al amparo de las visiones extraordinarias del maestro Paulo Emilio Macías.

Equivocados aquellos que predican una marginalidad del poder central y un abandono de las obras de Manabí. Ilusos, diría yo, porque en su desconocimiento histórico están pensando como piensa el centralismo cuya misión de país es tan atrasada que la propia provincia de Pichincha, a través de su Prefecto, ha declarado que el modelo de Estado, vigente en Ecuador, está agotado.

Ecuador necesita un Presidente manabita. Si señores, pero un manabita que no se encierre en la provincia sino que recorra las ciudades y regiones de la Patria confrontando su pensamiento, discutiendo sus propuestas, reconociendo sus errores y aprendiendo de la sabiduría de los ecuatorianos de esos “cuatro mundos” que hoy, a principios del siglo XXI, desde Alemania, nos han entregado la más grande de las riquezas colectivas: el orgullo de ser ecuatorianos.

Ese Presidente manabita del siglo XXI se está educando en nuestras escuelas, en nuestros colegios, en nuestras universidades, porque ha comprendido que en el proceso aprendizaje – enseñaza, él es su propio maestro. Mientras tanto, yo me preparo para celebrar el centenario de la cantonización de Manta. ¿Me acompañas?

SÁNCHEZ RAMOS Joselías
Manta 2006-06-26

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