Identidad

Manabí: la unidad en la diversidad

Evocaciones Manabí – 2014-6

Manabí: la unidad en la diversidad

Por Joselías Sánchez Ramos
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí
Manta, 15 de diciembre de 1999
joselias@gmail.com / jose.sanchez@uleam.edu.ec
Palabra de periodista

El creador de la integración nacional fue el manabita Eloy Alfaro Delgado. El 25 de junio de 1911 llega a Quito desde Guayaquil el ferrocarril que enlaza las dos ciudades más importantes del Ecuador.

Doce años antes, en 1899, con su visión de unidad nacional, estructura al ejército ecuatoriano y crea el Colegio Militar que hoy lleva su nombre. En 1910, en la frontera ese ejército gritaba: “Túmbez, Marañón o la guerra”, perfilando la aspiración de un Estado Nacional.

Ideas y realidades de un visionario. ¿Hombre superior? ¡Si! Por tanto, incomprendido para su época. Fue traicionado en Guayaquil y victimado en Quito. Los hilos invisibles de los poderosos exportadores y terratenientes de estas dos ciudades no podían concebir la unidad nacional.

Es fácil entender, entonces, el discurso de sus políticos, periodistas, poetas, escritores, empresarios, economistas y sociólogos quienes reclaman la “unidad nacional” mientras se niegan a reconocer la existencia de las otras provincias porque consideran suyas.

Quito cree que la Sierra le pertenece; después de los años 70’s también asumió el Oriente y se llevó el petróleo; después de los años 90´s se cree dueño de la ecología, del turismo y de Galápagos. Guayaquil se cree dueño de la Costa, de los puertos y de la riqueza de exportación.

Ellos inventan la teoría del péndulo para justificar que la Presidencia de la República debe variar entre un serrano o un costeño que ellos escogen y manipulan. De vez en cuando se rasgan las vestiduras e invocan el regionalismo, el centralismo y otras invenciones que esparcen a través de sus medios de comunicación para hacer creer que esta es la realidad del país.

En este realidad inventada aparece Cuenca con su inocencia poética y su insondable visión para alzarse con la cultura y revestirse como “Atenas del Ecuador”.

Al sur está Loja que, en 1859, se proclamó Estado Federal mientras Quito, Guayaquil y Cuenca proclamaban gobiernos diferentes.

Esta disquisición para preguntarnos: ¿Por qué el manabita Eloy Alfaro pudo tener una visión de unidad nacional y trabajar la integración ecuatoriana?

Simplemente por eso, porque es manabita, porque respetaba la diversidad de la gente que habitaba las distintas provincias de la Sierra o de la Costa, porque entendía que cada una de ellas tenía sus propias aspiraciones y realidades.

Manabí ha sido, es y será, el ejemplo más patético de la unidad en la diversidad que tanto buscan los europeos y que los ecuatorianos de Quito y Guayaquil no entienden ni entenderán por su escasa o ninguna experiencia vivencial en comunidades que tienen una identidad común aunque piensen diferente.

Fuimos dos pueblos: Portoviejo y Jipijapa. Al reconocerse a Montecristi, fuimos tres cantones. Luego sumamos trece. Hoy somos 22 y seremos veintitrés.

Cada cantón trabaja por ser diferente y superior. En Manabí, ningún cantón se siente inferior como tampoco hay una ciudad que sea superior a las demás. Portoviejo es simplemente la capital de Provincia. En ello reside nuestra fuerza y nuestra identidad regional: somos manabitas, respetuosos de nuestra diversidad, creyentes de nuestra unidad.

A esto, los burócratas llaman cantonismo y dicen que somos desunidos.

Son ignorantes. No entienden la unidad en la diversidad. Por eso no comprenden a Ecuador cuyos indígenas serranos se levantaron en 1990 y hoy reclaman territorialidad. Nosotros, los manabitas, reclamamos “autonomía”.

Bien podría inscribirse en la Constitución: “Ecuador es un estado social de derecho y de autonomías”. ¿Por qué les duele tanto? Es hora que dejen de ser ignorantes. (Fin)

Joselías Sánchez Ramos
Manta, 1999-12-15

 

Soy la vida hasta que muera. Historiador y cronista de Manta - Jocay, mi ciudad puerto de Manabí, Ecuador. Periodista - Docente en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, Ecuador - Mis estudiantes me llaman "Maestro de la sonrisa eterna". Mi Facultad me declara "Patriarca de la Facco". Para mis lectores soy un "Diálogo con Joselías". Soy amante de la vida, río a carcajadas, con Cecilia somos una familia de cuatro hijos y nueve nietos, por ahora. Bailamos "chévere". Nací junto a las olas, vivo frente al mar, converso y río con mis padres que siguen iluminando mi vida aunque estén muertos. Mis hijos son maravillosos. Cada uno de ellos me llena de asombros. Los amigos son libros abiertos para la descontextualización de la relación humana. Proclamo la paz y respeto la diversidad.

1 comment on “Manabí: la unidad en la diversidad

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